Mamadou y Carmen: cuando una mentoría se convierte en amistad

Hoy hemos quedado Mamadou Tela Diallo y su antigua mentora, Carmen Turégano, para comer. Hemos estado con su mujer y su hijo de cuatro meses.

Hace cinco años que Mamadou llegó a Barcelona. Encontró una asociación llamada MPDL, en Badalona, y allí lo orientaron hacia Punt de Referència, nuestra entidad. En aquel momento, Mamadou estudiaba castellano día y noche: en línea, en la escuela, en la calle, con las nuevas personas que iba conociendo… Todo para aprender más rápido. Cuando llegó a Punt de Referència, también entró en contacto con el catalán.

En la primera acogida en la entidad habló con la técnica Alicia, que le recomendó una mentora para acompañarlo en su llegada. Mamadou no quería cambiar de referente, pero Alicia nos presentó para que yo fuera su mentora. Y aquí estamos, Mamadou y Carmen, cuatro años después. Porque, efectivamente, la mentoría se llevó a cabo y dio lugar a un vínculo de confianza muy sólido.

En un principio, desde Punt de Referència nos propusieron una mentoría de ocho meses, con un encuentro semanal en un espacio público. Cuando aceptamos por escrito las condiciones, elaboramos nuestro plan de trabajo.

—Aquel plan de trabajo tenía muchas cosas —dice Mamadou—. Ahora conozco los museos y todos los lugares para visitar: el Camp Nou, el Tibidabo, la Sagrada Familia, el Park Güell… Lo conozco todo.

El plan de trabajo compartido tenía como objetivo acompañar a Mamadou en las decisiones que debía tomar ante nuevas situaciones. Aspectos como el aprendizaje de las lenguas, las visitas a la ciudad o la cultura eran el medio para ir abordando sus dudas y también sus preocupaciones. Mamadou tenía que tomar decisiones importantes: la búsqueda de trabajo, la revisión de situaciones difíciles o la respuesta a muchas preguntas. Pasaron unos cuatro meses y el reto más complicado fue encontrar su primera vivienda.

Barcelona atravesaba uno de los peores momentos de especulación inmobiliaria. Había decenas de ofertas de habitaciones en las plataformas, pero ninguna parecía estar realmente disponible. Consensuamos un método para que Mamadou hiciera la búsqueda y estableciera contactos. El resultado fue infructuoso.

—Nada de nada —dice Mamadou—. Nunca te llaman.

Un día nos sentamos en el Paral·lel y cada uno cogió su teléfono para llamar una y otra vez. Hasta que apareció Pedro, un hombre mayor que aceptó con mucho gusto alquilarle una habitación. Allí vivió Mamadou hasta que llegó el cambio más importante de su vida.

Recordamos que, el día de su 24.º cumpleaños, en casa de Pedro, nos reunimos con sus compañeras de trabajo. Yo, en aquel momento, todavía era su mentora y me alegró ver a Pedro compartiendo aquel momento con todos nosotros. También estuvo presente en su boda.

La mentoría finalizó en el plazo previsto, pero acordamos seguir manteniendo el contacto porque había surgido una buena relación. Y, desde entonces, hemos construido una buena amistad.

A finales de ese mismo año, Mamadou me llamó para decirme que tenía una buena noticia. Nos encontramos en los jardines de la Torre Glòries. La noticia era realmente importante: se había comprometido con una chica de Granollers.

—Me he comprometido, Carmen, y cuando tengamos piso nos casaremos primero por lo civil. Después celebraremos la boda y queremos que vengas.

Pero surgió una nueva dificultad en su proyecto de vida: encontrar un piso de alquiler. Aunque tanto Mamadou como su prometida tenían contrato de trabajo, parecía que nadie quería alquilarles una vivienda. Cuando me pidió ayuda, fuimos personalmente a Ripollet, Cerdanyola y Montcada. Nada de nada. Finalmente, encontró un piso muy adecuado en Granollers, en un barrio bien comunicado, con todos los servicios públicos y cerca de la familia de su mujer.

No pude asistir a la boda, pero vi las fotografías, llenas de color y de música.

Hoy, en 2026, han venido a darme el pésame por el fallecimiento de mi padre, un hombre de 99 años a quien Mamadou respetaba mucho. Han tenido un bebé, un niño despierto, que aprenderá, igual que sus primos, catalán y castellano. Por supuesto, Baba y Nene hablan con su hijo en pulaar y en francés. Y este precioso bebé también aprenderá otros idiomas, por si algún día quiere viajar a países lejanos.

Mamadou cambió de trabajo hace medio año. No siempre es fácil encontrar un buen empleo cerca de casa. Ahora viaja cada día laborable de Granollers a Barcelona, pero ya está buscando, sin prisa, un trabajo en su ciudad.

Y si la vida es una sucesión de nuevos retos, ambos estamos de acuerdo en que la mentoría para jóvenes de Punt de Referència es una herramienta de ayuda muy eficaz. Tener una persona de referencia para el crecimiento personal puede ayudar a comprender la sociedad en la que vivimos y nuestro lugar en ella.

Mamadou Tela Diallo y Carmen Turégano
17 de junio de 2026

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