Mamadou y Carmen: cuando una mentoría se convierte en amistad

Hoy hemos quedado Mamadou Tela Diallo y su antigua mentora, Carmen Turégano, para comer. Hemos estado con su mujer y su hijo de cuatro meses.

Hace cinco años que Mamadou llegó a Barcelona. Encontró una asociación llamada MPDL, en Badalona, y allí lo orientaron hacia Punt de Referència, nuestra entidad. En aquel momento, Mamadou estudiaba castellano día y noche: en línea, en la escuela, en la calle, con las nuevas personas que iba conociendo… Todo para aprender más rápido. Cuando llegó a Punt de Referència, también entró en contacto con el catalán.

En la primera acogida en la entidad habló con la técnica Alicia, que le recomendó una mentora para acompañarlo en su llegada. Mamadou no quería cambiar de referente, pero Alicia nos presentó para que yo fuera su mentora. Y aquí estamos, Mamadou y Carmen, cuatro años después. Porque, efectivamente, la mentoría se llevó a cabo y dio lugar a un vínculo de confianza muy sólido.

En un principio, desde Punt de Referència nos propusieron una mentoría de ocho meses, con un encuentro semanal en un espacio público. Cuando aceptamos por escrito las condiciones, elaboramos nuestro plan de trabajo.

—Aquel plan de trabajo tenía muchas cosas —dice Mamadou—. Ahora conozco los museos y todos los lugares para visitar: el Camp Nou, el Tibidabo, la Sagrada Familia, el Park Güell… Lo conozco todo.

El plan de trabajo compartido tenía como objetivo acompañar a Mamadou en las decisiones que debía tomar ante nuevas situaciones. Aspectos como el aprendizaje de las lenguas, las visitas a la ciudad o la cultura eran el medio para ir abordando sus dudas y también sus preocupaciones. Mamadou tenía que tomar decisiones importantes: la búsqueda de trabajo, la revisión de situaciones difíciles o la respuesta a muchas preguntas. Pasaron unos cuatro meses y el reto más complicado fue encontrar su primera vivienda.

Barcelona atravesaba uno de los peores momentos de especulación inmobiliaria. Había decenas de ofertas de habitaciones en las plataformas, pero ninguna parecía estar realmente disponible. Consensuamos un método para que Mamadou hiciera la búsqueda y estableciera contactos. El resultado fue infructuoso.

—Nada de nada —dice Mamadou—. Nunca te llaman.

Un día nos sentamos en el Paral·lel y cada uno cogió su teléfono para llamar una y otra vez. Hasta que apareció Pedro, un hombre mayor que aceptó con mucho gusto alquilarle una habitación. Allí vivió Mamadou hasta que llegó el cambio más importante de su vida.

Recordamos que, el día de su 24.º cumpleaños, en casa de Pedro, nos reunimos con sus compañeras de trabajo. Yo, en aquel momento, todavía era su mentora y me alegró ver a Pedro compartiendo aquel momento con todos nosotros. También estuvo presente en su boda.

La mentoría finalizó en el plazo previsto, pero acordamos seguir manteniendo el contacto porque había surgido una buena relación. Y, desde entonces, hemos construido una buena amistad.

A finales de ese mismo año, Mamadou me llamó para decirme que tenía una buena noticia. Nos encontramos en los jardines de la Torre Glòries. La noticia era realmente importante: se había comprometido con una chica de Granollers.

—Me he comprometido, Carmen, y cuando tengamos piso nos casaremos primero por lo civil. Después celebraremos la boda y queremos que vengas.

Pero surgió una nueva dificultad en su proyecto de vida: encontrar un piso de alquiler. Aunque tanto Mamadou como su prometida tenían contrato de trabajo, parecía que nadie quería alquilarles una vivienda. Cuando me pidió ayuda, fuimos personalmente a Ripollet, Cerdanyola y Montcada. Nada de nada. Finalmente, encontró un piso muy adecuado en Granollers, en un barrio bien comunicado, con todos los servicios públicos y cerca de la familia de su mujer.

No pude asistir a la boda, pero vi las fotografías, llenas de color y de música.

Hoy, en 2026, han venido a darme el pésame por el fallecimiento de mi padre, un hombre de 99 años a quien Mamadou respetaba mucho. Han tenido un bebé, un niño despierto, que aprenderá, igual que sus primos, catalán y castellano. Por supuesto, Baba y Nene hablan con su hijo en pulaar y en francés. Y este precioso bebé también aprenderá otros idiomas, por si algún día quiere viajar a países lejanos.

Mamadou cambió de trabajo hace medio año. No siempre es fácil encontrar un buen empleo cerca de casa. Ahora viaja cada día laborable de Granollers a Barcelona, pero ya está buscando, sin prisa, un trabajo en su ciudad.

Y si la vida es una sucesión de nuevos retos, ambos estamos de acuerdo en que la mentoría para jóvenes de Punt de Referència es una herramienta de ayuda muy eficaz. Tener una persona de referencia para el crecimiento personal puede ayudar a comprender la sociedad en la que vivimos y nuestro lugar en ella.

Mamadou Tela Diallo y Carmen Turégano
17 de junio de 2026

Los derechos humanos a pie de calle

Artículo elaborado en torno a la conversación entre el Síndic de Greuges de Barcelona David Bondia y el equipo de Punt de Referència el 18 de junio de 2026.

En cuestión de derechos humanos no se puede ser neutral. Cuando existe un derecho que se vulnera, la neutralidad ignora siempre a quien sufre sus consecuencias. Podemos ser objetivos, y debemos serlo, pero nunca neutrales. De hecho, la mayoría de las violaciones de derechos humanos se realizan por omisión. Es este sentido de neutralidad el que a menudo lleva a las instituciones que son garantes de los derechos humanos a la inacción ante la vulneración de éstos. Especialmente, cuando las medidas necesarias para garantizarlos no serán bien vistas por algún sector de la sociedad. Por eso, es importante exigir a las instituciones públicas responsabilidad y combatir esta inacción.

Ésta es una de las reflexiones que David Bondia, Síndic de Greuges de Barcelona desde 2021, compartió con el equipo de Punt de Referència el pasado 18 de junio. Durante la conversación, pusimos en común diferentes retos y metodologías que utilizamos al trabajar para garantizar estos derechos, especialmente para quienes viven en situaciones de vulnerabilidad, y concretamente en el contexto de nuestra ciudad.

Para quienes no estén familiarizados, la Sindicatura de Greuges es el órgano encargado de supervisar la actuación del Ayuntamiento de Barcelona desde la perspectiva de los derechos de la ciudadanía. Habitualmente actúa en segunda instancia, cuando una persona considera que el ayuntamiento no ha resuelto adecuadamente su queja. En estos casos, la Sindicatura investiga los hechos y emite recomendaciones para que el consistorio las valore. Aunque no son vinculantes, David Bondia contaba con orgullo que durante su mandato el 75% de estas recomendaciones se han acabado aplicando. Ahora bien, los agravios no son la única puerta de entrada a su labor. Cuando detecta vulneraciones de derechos o problemáticas sociales que requieren intervención, la Sindicatura también puede actuar de oficio —es decir, por propia iniciativa—. De hecho, algunas de las actuaciones con mayor impacto han nacido precisamente de esta capacidad de anticiparse a los problemas.

Respecto a los informes y propuestas recientes de la Sindicatura, desde Punt de Referència destacamos la creación de la comisión de reparación para víctimas de violencia sexual en la infancia, adolescencia y juventud, una problemática hasta ahora tabú que las instituciones públicas habían dejado de lado. Desde su creación, esta comisión ha impulsado el primer acto de reparación oficial en el ayuntamiento de la ciudad diseñado por los propios supervivientes, y la creación de una pieza teatral en colaboración con el Institut del Teatre que se inaugurará el 19 de octubre de este año. Pero lo más importante de esta labor siguen siendo las horas de acompañamiento y diálogo con quienes lo sufrieron, y que hasta ahora habían sido invisibilizados.

También ha sido la Sindicatura quien ha recomendado la creación de un nuevo centro de atención a víctimas de violencia machista, dado que el ya existente, en Nou Barris desde 2014, está completamente saturado. El nuevo centro, situado en el Eixample, tiene previsto abrir sus puertas en los próximos meses. Medidas como éstas demuestran el valor de la Sindicatura al señalar y resolver problemáticas sociales en la ciudad, haciendo de puente entre la administración pública y el tejido social de Barcelona.

Bondia hizo hincapié en la necesidad de colaborar con las entidades que trabajan a pie de calle día a día, aprovechando su experiencia para realizar diagnósticos precisos y encontrar soluciones reales. Un gran ejemplo de esta sinergia es el proyecto Zero Carrer. Presentado en enero de este año, pretende coordinar los recursos del sector público, privado y de las entidades sociales en un único plan de acción intermunicipal para abordar el sinhogarismo de forma transversal. De esta forma, intentará conseguir con los mismos recursos una integración social más efectiva.

El hecho de que este puente con las instituciones públicas pueda existir y ser efectivo puede multiplicar el impacto y el alcance de nuestro trabajo. Y es, a la vez, un estímulo para seguir trabajando día tras día para construir una sociedad más justa, interviniendo allí donde las instituciones, tradicionalmente, no han podido llegar.

 

Antes del cargo de Síndic de Greuges, David Bondia ha sido presidente del Instituto de Derechos Humanos de Catalunya, vicepresidente de la Estructura de Derechos Humanos de Catalunya, vocal del Consejo Catalán de Fomento de la Paz y miembro del Patronato de la Fundació Solidaritat UB. Ha formado parte del Mecanismo Catalán por la Prevención de la Tortura y del Comité Ejecutivo de la Red EUROMED-Rights. Desde 2025 es presidente de la Alianza Global del Ómbudsperson Local. Es profesor titular de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Barcelona.

 

El capital social: un antídoto contra el individualismo y la desesperanza

Artículo redactado a raíz de la conferencia del catedrático emérito Joan Subirats a Punt de Referència el 10 de marzo de 2026.

Nunca como sociedad habíamos hecho frente a un cambio de época tan acelerado como el actual. Este ritmo genera una incertidumbre global que, junto al fenómeno tecnológico, nos expone a un nivel de individualización inédito y que erosiona vínculos. “Los espacios de construcción, de comunidad, de vínculos, del nosotros, se rompen”.

Esta es una de las ideas que planteó el catedrático emérito de Ciencia Política – Universitat Autònoma de Barcelona, Joan Subirats, este martes en un espacio de reflexión para los socios y socias de Punt de Referència. Con él, pudimos trabajar el valor social de participar y de hacer comunidad.

Siguiendo el concepto de capital social de Robert D. Putnam, como un capital a generar en el entorno de las personas, la comunidad de Punt de Referència es capaz de llegar a su mayor grado de expresión. Más allá de lo que suele hacer que la gente se encuentre (preocuparse por aquello que les afecta) e incluso más allá de que esto lleve a reunirse con quien tienes intereses comunes, la parte más valiosa y significativa del capital social es aquella dinámica que te lleva a a preocuparte por el que te rodea, por los que viven y por sus desazones. Esto hace que, de algún modo, te sientas responsable de lo que pasa en el espacio público, en el espacio de todos, y te lleve a ocuparte de temas de responsabilidad colectiva, junto a las instituciones o incluso avanzándote a las mismas.

Subirats lo resumía así: “Hay colectivos como los jóvenes sin red familiar en el territorio que acumulan dificultades de muchos tipos, y que precisamente por esta mezcla de temas que les afecta suele ser difícil que la administración lo aborde, acostumbrada a que cada ámbito o dirección general se ocupe de un tema, sin que nadie acabe del todo de ocuparse del conjunto ni de los elementos diferenciales, puesto que muchas veces la administración pública confunde igualdad con homogeneidad”. En este sentido, destacó Subirats, Punt de Referència es capaz de entomar este proceso de manera global y cumplida, con una mirada de reconstrucción de vínculos y de acompañamiento en las transiciones.

Esta forma de relación plantea un abordaje integral que asume que cada caso es único, y da lugar a un servicio público generado desde una entidad social. En cuanto a la financiación institucional de este, Subirats reflexionó sobre el actual modelo de subvención que más bien “delega” aquello que para la administración se hace difícil o complicado, en vez de avanzar hacia un modelo de coproducción. Este segundo implica reforzar el vínculo entre quienes están “obligados a financiar ante problemas públicos y quienes disponen de las capacidades y las herramientas” para actuar de la mejor manera posible. Dos conceptos, el del capital social y la coproducción, que nos animan a continuar nadando contracorriente.

Porque cuando la desconfianza se va extendiendo, generando incertidumbre y miedo en detrimento de la esperanza, apostar por los lazos entre las personas es la única opción posible. Seguimos tejiendo vínculos, y abriendo espacios que den lugar a la vida y a la esperanza.

 

 

Joan Subirats, catedrático emérito de Ciencia Política – Universitat Autònoma de Barcelona. Ocupó el cargo de ministro de Universidades entre diciembre de 2021 y noviembre de 2023, y también ha sido concejal en el Ayuntamiento de Barcelona y director del Institut de Govern i Polítiques Públiques (UAB).

 

 

Un cambio de miradas

 

 

Dra. Carme Montserrat, catedrática de Psicología Social en la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Girona. Es directora del Instituto de Investigación Educativa y codirige el grupo de investigación Liberi en Infancia, Juventud y Comunidad. Ha trabajado en el sistema de protección a la infancia y desde 2003 su investigación y docencia está centrada en este ámbito.

 

 

 

Hace un tiempo, desde el equipo de investigación de la Universidad de Girona realizamos un estudio encargado por la Fundación del FCB titulado: “La juventud migrada sin referentes familiares en Cataluña: cambiando miradas”. Esta idea, la de conseguir un cambio en la manera de mirar que tenemos las personas a las otras, nos señala un camino a seguir necesario para alcanzar unos niveles de cohesión social satisfactorios para toda la ciudadanía.

Sabemos que, mediante los procesos psicológicos de categorización social, acostumbramos a clasificar a las personas según la semejanza entre ellas, y esta categorización provoca que tengamos una mirada condicionada por su —supuesta— pertenencia a un determinado grupo y no por la persona individual. En este contexto, la mentoría social permite que las personas podamos mirarnos y conocernos al margen del grupo al que parece que pertenecemos. Las ideas preconcebidas sobre cómo son los jóvenes, cómo son los jóvenes que migran, cómo son los jóvenes africanos que migran, pueden cambiar cuando nos ponemos al lado de una de estas personas y empezamos a hacer un camino —a menudo desconocido— con ellas. También las ideas preconcebidas sobre cómo son los europeos, los blancos o los de los países ricos pueden cambiar cuando se inicia este acompañamiento mutuo.

Ahora, después de unos cuantos años de mentoría y de caminar juntos, él y yo, pienso que nuestras miradas no tienen nada que ver con las del principio, a pesar de haber estado predispuesto al cambio desde el inicio (ya sabemos que la motivación suele ser un motor acelerador de procesos). A lo largo del tiempo hemos reconocido nuestras fortalezas, pero también nuestras debilidades, tanto a nivel emocional como de habilidades sociales; hemos discutido ideas y hechos, hemos estado de acuerdo y en desacuerdo, hemos planificado y replanteado planes, nos hemos visto en situaciones cada vez más diversas; pero también hemos establecido rutinas, nos hemos ayudado… en definitiva, nos hemos incorporado mutuamente a nuestras vidas y ambos nos hemos convertido en un referente para el otro.

Una de las cosas que más me sorprendió al inicio de la relación de mentoría fue cuando él me dijo que le había contado a su madre africana que ya tenía una madre catalana. Que eso la había tranquilizado y la había hecho muy feliz, porque ahora ya tendría quien lo cuidara lejos de casa. Desde ese día, siempre pregunta por nosotros, y si pasamos unas semanas sin vernos, él no se lo dice para no preocuparla. Mirad qué manera tan completa de integrar los dos mundos: con generosidad, con confianza, con reconocimiento hacia la otra persona, incluso sin conocerla, poniendo la vida del hijo en primer lugar y mostrando una gran empatía hacia él. Esto contrasta con la mirada que a menudo se tiene de estos jóvenes y de sus familias: que los abandonan, que ellos vienen a aprovecharse de nosotros, a delinquir, y un largo etcétera. Cambiar la mirada significa conocernos y reconocernos, y la mentoría, sin duda, lo facilita.

LLARS EL PAS: Alternativa y emancipación

El marco legal según el cual la vivienda es un derecho fundamental reconocido en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 debe complementarse con la constatación de una realidad que desborda los límites teóricos de lo que deberían ser principios fundamentales para garantizar una vida digna y vivible. Así, frente a un derecho que no solo apela a una necesidad material —la de una casa—, sino también a un elemento esencial para poder construirse una vida y relacionarse con el mundo y con los demás sin el ahogo de la supervivencia inmediata, se impone la contundencia de los hechos: en Cataluña, muchísimas personas tienen graves dificultades para acceder a una vivienda y miles de ellas duermen cada día en la calle.

En este contexto, la situación de la juventud es especialmente preocupante, y la de los jóvenes extutelados resulta particularmente difícil: además del elevado precio de los alquileres, los bajos salarios, la creciente desigualdad y la falta de vivienda pública, a los dieciocho años deben afrontar una emancipación repentina sin apoyo familiar, sin una red social que les acompañe y sostenga, y haciendo frente a barreras económicas y discriminatorias por motivos étnicos o raciales a la hora de acceder a la vivienda.

Teniendo en cuenta este choque —el de una ley internacional de obligado cumplimiento y el de una realidad de vulnerabilidad y exclusión—, Punt de Referència apuesta por un proyecto, Llars El Pas, que tiene como objetivo garantizar acompañamiento socioeducativo y estabilidad residencial más allá de los 18 o los 21 años (cuando finaliza la protección en los centros públicos de menores o en los pisos vinculados a la Dirección General de Prevención y Protección a la Infancia y Adolescencia).

Con cuatro pisos en la comarca del Barcelonès y uno en Mataró, el proyecto responde a una necesidad primordial: ganar tiempo para poder emanciparse y acceder a la vida adulta con garantías de libertad y respeto, de dignidad y de futuro. Para hacerlo posible, Punt de Referència acompaña a los jóvenes en su proceso de autonomía personal, de formación e inserción laboral, de regularización documental, de crecimiento emocional y de participación comunitaria.

Partiendo de la diferencia y la singularidad de cada persona, la metodología y la intensidad educativa se adaptan al momento vital de cada joven. Por eso, con el fin de tener en cuenta los ritmos y trayectorias individuales, así como las características socioeconómicas, el proyecto no establece un límite temporal de estancia en la vivienda, sino que propone un horizonte sólido de emancipación y ofrece alternativas al mercado privado de vivienda desde la perspectiva de la economía social y solidaria.

Este es un proyecto que cuenta con muchas alianzas: desde su inicio se desarrolla en colaboración con la Fundación Mambré, y actualmente también con la Fundación Hèstia, que ofrecen vivienda social a los jóvenes. Las fundaciones CMJ Godó, Bizcabar Horitzó Social y la Màgic Line de Sant Joan de Déu, junto con el Ayuntamiento de Barcelona, la Diputación de Barcelona y el Departamento de Derechos Sociales de la Generalitat de Catalunya, son los colaboradores económicos necesarios para que 18 jóvenes sin red de apoyo dispongan de un hogar estable donde construir su futuro.

Estamos innovando en el diseño de la última fase del proyecto, que ofrece dos opciones para afrontar las dificultades de acceso al mercado inmobiliario depredador y las diferentes formas de racismo estructural que sufre la juventud. Por un lado, en alianza con la Fundación Mambré, se ha puesto en marcha una prueba piloto que consiste en una vivienda compartida de autonomía, con un alquiler asequible. Por otro lado, desde 2020 se está trabajando con diferentes cooperativas de vivienda con el objetivo de destinar uno de sus pisos a vivienda de inclusión. En la medida en que Punt de Referència apuesta por la participación de los jóvenes en todos los proyectos que impulsa, desde Llars El Pas se apoya especialmente este último modelo, ya que representa una posibilidad de apoyo mutuo, participación comunitaria, arraigo territorial y autogestión, y una alternativa a un mercado especulativo que expande las desigualdades de manera imparable y refuerza un sistema que discrimina y excluye.

Este proyecto está financiado por:


En colaboración con:

 

Que las fronteras no sean muros


Pere Vilaseca

Maestro jubilado, sigue impartiendo formaciones y acompañando a equipos docentes en el camino hacia una evaluación cada vez más formativa e inclusiva. Colabora con Rosa Sensat en el grupo de trabajo AxA. Es miembro de Mataró Acull y de Obrim Fronteres. Junto con Lourdes somos padres de una hija y dos hijos y abuelos de siete nietos.

 

Construir comunidad

Cuando decidimos abrir las puertas de casa a un joven sin documentación, no sabíamos exactamente qué nos esperaba. Pero intuíamos algo esencial: que la acogida no es solo un acto de solidaridad, sino una manera de vivir de acuerdo con nuestra condición más profunda: la de seres humanos conectados.

En un mundo herido por la desconexión, el individualismo y el miedo al otro, acoger es un acto de resistencia humana. No es un acto de caridad. Es un acto de comunidad, de reconocimiento mutuo. No se trata de “dar”, sino de compartir, de estar disponibles, de construir un vínculo con alguien que, aunque venga de lejos, forma parte de nuestra misma humanidad.

Las identidades a menudo parecen reducirse a documentos, permisos y situaciones legales. Ningún papel puede resumir la complejidad, la dignidad y la fuerza de una persona. Antes que ciudadanos, somos humanos. Antes que extranjeros o nacionales, todos somos vulnerables, capaces de amar, de sufrir, de crear vínculos…

Abrir la puerta no es un gesto heroico, sino un retorno a lo que realmente somos: seres capaces de reconocerse en el otro, de tender una mano, de construir relaciones que rompan muros y desconfianzas. Este gesto es en realidad una afirmación radical: la vida, en esencia, depende de la capacidad de amar y ser amada, de compartir y ser acogida.

El entorno también se transforma

En nuestro caso, hemos tenido el privilegio de acoger a dos jóvenes en momentos distintos. Ambos venían de historias marcadas por la incertidumbre o incluso el miedo, la exclusión… pero también con una fortaleza impresionante. Nos han enseñado a mirar el mundo desde otra perspectiva, a hacer espacio al otro en nuestro día a día, y sobre todo a ampliar el sentido de lo que significa “familia”.

Seguramente, lo más valioso de esta experiencia ha sido ver cómo nuestra propia familia se ha sumado con naturalidad: nuestros hijos, los nietos y otras personas de nuestro entorno… Todos han podido conocer y convivir con personas que, a menudo, son invisibles. Y eso ha sembrado preguntas, compromiso y empatía.

Nos gusta pensar que esta convivencia ha contribuido a romper estereotipos, a poner rostro y nombre donde antes solo había etiquetas o prejuicios. Y que, en el fondo, estamos ayudando a construir una sociedad más abierta, menos temerosa y más humana.

Juntos hemos descubierto que acoger no es solo dar, también es recibir: historias, saberes, luchas, sensibilidades, cultura y, sobre todo, esperanza.

La acogida no se hace sola: el papel clave de Punt de Referència

Abrir nuestra casa a un joven ha sido una decisión que hemos tomado como familia, pero no lo hemos hecho solos. En ambos casos, hemos contado con el acompañamiento y el apoyo continuado de Punt de Referència, una entidad que trabaja en la transición a la vida adulta de jóvenes tutelados para que tengan una red afectiva y social cuando más lo necesitan.

Punt de Referència no solo nos ha facilitado todo lo práctico (trámites, información, orientación…), sino que ha estado a nuestro lado en lo más importante: cuidar el vínculo, escucharnos, ayudarnos a gestionar dudas, emociones, límites. Sin ellos, esta experiencia no habría sido igual de profunda, ni tan transformadora.

Acoger no significa improvisar. Significa hacerse disponible con sentido y con apoyo. Y eso es precisamente lo que ofrece Punt de Referència: una red donde la acogida es segura, acompañada y pensada para crecer juntos, tanto la persona acogida como la familia que acoge.

Una invitación a acoger y a perder el miedo

Para terminar, nos gustaría animar a otras familias o personas que viven solas a dar este paso.

Sabemos que no todo el mundo puede permitirse acoger a alguien en su casa. Pero mucha más gente de lo que imaginamos sí podría hacerlo, si supiera que no tiene que hacerlo sola y si comprendiera la riqueza que puede significar. No hace falta ser especial, solo tener espacio, aunque sea poco, mucha apertura y ganas de compartir vida y un poco de tiempo con alguien.

Vivimos en un mundo donde las fronteras se han convertido en muros. Sin embargo, cada gesto de acogida es una rendija de luz, una manera de decir: aquí hay lugar para ti.

Por eso, si alguna vez te has planteado abrir la puerta a alguien que llega a nuestra tierra sin red ni apoyo, te animamos a dar el paso. Infórmate. Habla con Punt de Referència. Y sobre todo, confía: porque acoger no solo transforma la vida de quien llega, también te transforma a ti.

Somos en esencia seres relacionales: hagamos comunidad!

¿Has pensado nunca en el papel que tienen las relaciones en tu vida? Hay relaciones que nos nutren, otras que a veces nos hacen daño y otras que nos acompañan cotidianamente y nos dan un marco de referencia. De hecho, estamos rodeadas de personas con quienes nos relacionamos. La cuestión es: ¿cómo son estas relaciones? ¿Son relaciones que nos vinculan afectivamente con quién tenemos delante?  ¿Nos vinculan positivamente aportándonos apoyo y bienestar? O simplemente, ¿Son personas con quienes hablamos o nos cruzamos sin más?

Cómo se explicita en el  comunicado que Punt de Referència realizó hace un año, la soledad no deseada “multiplica por 5 las posibilidades de sufrir depresión o ansiedad y afecta especialmente las personas que viven en situación de pobreza o desocupación”. Esta es una situación que afecta a una gran parte de la juventud tutelada y extutelada.

Las relaciones y las redes en las cuales estamos inmersas nos ayudan a construir la autoestima, el autoconcepto y la identidad. Estos 3 pilares nos proveen de salud emocional y nos aportan el rumbo para construir nuestro proyecto de vida enlazado en la comunidad donde vivimos. Somos en esencia seres relacionales.

Ahora bien, hay otro factor muy significativo y que tiene que ver con la calidad y presencia de estas relaciones. También es importante que estas relaciones puedan ser significativas y positivas por nuestro bienestar, que sean relaciones que nos apoyan, nos sostienen, nos reconocen y validan tal como somos. Son este tipo de relaciones las que nos dan la seguridad y la autonomía para afrontar nuestro propio proyecto de vida.

Desde los proyectos de mentoría social, como los proyectos Referentes, Atenea y Acoge, se cuida mucho y se acompaña a voluntariado y juventud para construir este espacio de relación que nos potencia y en especial a la juventud, que están en esta fase inicial de construir el mismo proyecto de vida.

Además, se pone mucha cura al acompañar la construcción de la relación entre personas que por la inercia de la sociedad donde vivimos no nos interrelacionamos. Dado que solemos establecer relaciones con quienes tenemos factores socioeconómicos y códigos culturales similares. Es por eso que las relaciones de mentoría son claves, también, para abrir oportunidades, nuevos contextos y aprendizajes a las personas que participan, provocando, a la vez, un mayor nivel del sentimiento de pertenencia; factor clave en la prevención de la salud mental de juventud y personas adultas.

¿Estás preparada para poner tu granito de arena al hacer realidad el derecho a sentirse acompañado y apoyado por la juventud tutelada y extutelada aquí en Cataluña? Punt de Referència pone las bases y el acompañamiento para hacerlo realidad y que sea una experiencia enriquecedora por todas las partes. ¡Desde Punt de Referència ponen la tierra y el test, y entre todas podemos llenarlo de agua y vida para hacer de nuestra comunidad un espacio con más bienestar emocional y social para todo el mundo!

 

Laura Terradas Cargol

Coordinadora pedagógica de Punt de Referència desde 2017 hasta 2023.

OPINIÓN: Nuestra teoría del amor / Esto no es Suecia

 

 

Juanjo Ortega

miembro de la junta directiva de Punt de Referència y coordinador de campañas y captación de fondos en la Obra Social Sant Joan de Déu.

 

Posiblemente, los suecos son, o han sido, la sociedad humana más antinatural. Los humanos somos sociales por naturaleza. Pero también somos culturales, y la cultura evoluciona y con ella cambiamos. La tribu era, en los tiempos más remotos, el núcleo de la vida. Todo pasaba en y con la tribu: la caza, la vida, las relaciones interpersonales… Con la agricultura y la ganadería, las sociedades se atomizan y los núcleos familiares van tomando fuerza, aunque perduran espacios de intensa vida social: los pueblos, las parroquias, los mercados… Las revoluciones industriales empujan a mucha gente a las ciudades, las viviendas se reducen y las familias se limitan a padres e hijos. Sin embargo, las tradiciones y la necesidad de apoyo mutuo aún mantienen firmes las relaciones entre dos y tres generaciones, y la emergente cultura del ocio fomenta espacios socializadores. Pero llega una triada que lo cambia todo: la sociedad del bienestar, que rompe los vínculos de interdependencia entre individuos; el valor del individualismo; y internet, que te permite vivir recluido en casa.

Volviendo a los suecos. En los años 70 se consideraban una sociedad tan avanzada que optaron por prescindir del grupo o, lo que es lo mismo, de las relaciones entre individuos. Su modelo cultural promovía el individualismo hasta el extremo y las autoridades suecas impulsaron avanzadísimos programas sociales que permitían que cualquier persona pudiera vivir de manera autónoma gracias al apoyo del Estado. Así, se rompían los secularmente ligados lazos familiares y grupales. Suecia se declaraba la sociedad más avanzada del mundo siendo, al mismo tiempo, la más antisocial. La consecuencia más dramática es que miles de suecos mueren en la más extrema soledad y nadie los echa de menos. Ni sus herederos. El fenómeno está magistralmente explicado en la película «La teoría sueca del amor» (2015), de Erik Gandini.

El individualismo siempre ha sido una reivindicación de los ricos. Los valores de una sociedad son el mejor reflejo de su idiosincrasia. En Europa tenemos las necesidades básicas bien resueltas: para comer vamos al supermercado y el gran dilema al que nos enfrentamos es qué elegir; si estamos enfermos vamos al médico de la sanidad pública y el inconveniente a superar es una cola o una lista de espera; para desplazarnos podemos elegir entre el coche particular, la bicicleta privada o la pública, el autobús que pasa muy a menudo, el metro, el taxi, el avión… Resueltas con creces estas necesidades básicas, provocamos otras nuevas, como la necesidad de autoconocimiento e introspección o la independencia individual. En este paradigma cultural, nace la demanda del derecho a la soledad.

En cambio, en los antípodas culturales, entre las muchas definiciones de pobreza se contempla el no disponer de una comunidad de apoyo. En los países pobres, la comunidad ayuda a cubrir las necesidades vitales. Por eso, cuando un gambiano o un senegalés hablan de la familia no se refieren solo a los hermanos y padres, también tiene cabida prácticamente cualquier persona del poblado o del territorio, con quien les une un grado de parentesco inimaginable para un occidental. Y por eso, cuando migran y llegan a un país europeo y comienzan a ganar los primeros ingresos, no dudan en enviar una parte a su familia y conocidos. Ayudarse mutuamente es uno de los fundamentos de su moral. Saben que la soledad es la peor desgracia que puede sufrir una persona. Les va la vida. La necesidad social está por encima de todas las demás necesidades básicas: la salud, la comida, la vivienda, que dependen de ella. La soledad nunca es deseada.

En Occidente, en cambio, al mismo tiempo que la soledad deseada se valora como una opción, la no deseada crece como una bola de nieve y es la gran pandemia de las sociedades que se autodenominan avanzadas. 30 millones de europeos dicen sentirse solos. Y no todos son personas mayores, como podríamos pensar. En nuestro país, un 25% de la juventud también siente que padece soledad. La soledad camina de la mano de la exclusión social, retroalimentándose mutuamente. Relacionarse es una necesidad psicológica y, no tener la posibilidad de hacerlo, nos condena a problemas de salud mental y física. Está demostrado que la soledad acorta la esperanza de vida. Por este motivo, desde la Asociación Punt de Referència hemos lanzado un comunicado para incorporar el Derecho a sentirse acompañado y apoyado en la Declaración Internacional de los Derechos Humanos y acabar con la soledad no deseada.

Contra la soledad nadie está vacunado, pero las herramientas de prevención existen. La más radical es un cambio cultural o, lo que es lo mismo, avanzar hacia nuestro pasado cultural: acercarnos a Senegal y alejarnos de Suecia.

En Punt de Referència trabajamos con jóvenes ex tutelados que, al cumplir la mayoría de edad, han salido de los sistemas de protección de menores para iniciar la vida como adultos supuestamente autónomos. Muchos de ellos son migrantes y la gran mayoría proviene del Magreb y de los países de África Occidental. Son jóvenes, viven en situación de pobreza y se enfrentan a un choque cultural enorme. Desde la entidad, les ofrecemos un apoyo integral: les ayudamos en la quimera de encontrar vivienda, los acompañamos en sus aspiraciones profesionales, los motivamos para que sigan formándose y los ayudamos a superar todas las trabas burocráticas para regularizar su situación. Además de estos problemas prácticos, sobre todo, se sienten solos. Y la soledad, cuando eres joven, es aún peor, ya que te encuentras en el momento de la vida en el que las relaciones sociales adquieren la máxima importancia para el propio crecimiento personal y bienestar emocional. Por eso, el programa de apoyo principal que les ofrecemos es el acompañamiento por parte de una persona voluntaria, que lo hace desde la solidaridad y a través del afecto.

La escritora y poetisa nicaragüense Gioconda Belli decía que la solidaridad es la ternura de los pueblos. Por ello, en Punt de Referència creemos que el acompañamiento emocional es la mejor manera de ejercer nuestra solidaridad hacia estos jóvenes que se encuentran en una situación de riesgo social. Y también lo hacemos desde la reivindicación del derecho al acompañamiento afectivo. Nadie debería sentirse solo: ni una abuela sueca de 80 años, ni un joven migrante marroquí de 18, ni nuestro vecino del rellano, del cual no sabemos ni el nombre. Este es el principal choque cultural que impacta a muchos de los migrantes que llegan a nuestro país.

Es necesario reivindicar el derecho al acompañamiento afectivo, ya que el amor es la mejor vacuna contra la soledad. Al menos, esta es la teoría de Punt de Referència y la reivindicamos ejerciéndola. Porque, como dice la serie de TV3, esto no es Suecia.

OPINIÓN | La mentoría social: una herramienta de éxito contra el abandono escolar

Garantizar una educación de calidad significa: considerar otras formas de apoyo educativo más allá de los centros educativos y tener en cuenta los procesos emocionales de los jóvenes

 

 

 

Mónica Arús

Gestora cultural e instructora de Mindfulness y Yoga. Con una larga experiencia en el sector cultural como gerente de organizaciones e instituciones públicas y privadas. En el ámbito social, lleva más de 20 años vinculada a la Asociación Punt de Referència.

 

 

Este 2024, en Cataluña, 168.982 jóvenes cursan bachillerato o un ciclo de formación profesional de grado medio, pero ¿cuántos de ellos saldrán adelante con éxito? Durante el 2023, el 16% de la juventud catalana de 18 a 24 años no tenía ninguna titulación más allá de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y declaraba que no estaba estudiando. El fracaso escolar va más allá de la falta de motivación por los estudios; el rendimiento económico, el nivel educativo de los padres, el entorno familiar y la situación económica son factores predictores del fracaso escolar.

¿Qué sucede con los jóvenes que no tienen una red de apoyo que los anime a continuar estudiando y los ayude en su día a día? En el caso de la juventud tutelada, las estadísticas indican que el abandono escolar es tres veces mayor en comparación con la población no tutelada. ¿Qué futuro les espera a aquellos que no pueden contar con ayuda para hacer los deberes, entender los conceptos que se estudian, recursos para libros o apoyo frente a nuevos desafíos culturales y lingüísticos?

La familia es uno de los principales elementos desde donde parte la desigualdad; la experiencia transmitida por los padres y familiares, sumada a la clase económica, generan un punto de partida diferente para cada alumno. La falta de referentes va más allá de la familia; la juventud tutelada y extutelada también tiene dificultades para integrarse en la comunidad y crear una red de apoyo sólida que los pueda respaldar.

En este contexto, la mentoría social es un impulso para que esta juventud continúe estudiando, ya que promueve el efecto Pigmalión. Los jóvenes mejoran positivamente su autoimagen gracias al acompañamiento de las personas voluntarias, lo que genera mejores procesos educativos. Todos necesitamos alguien en quien confiar cuando sentimos inseguridad frente a un desafío.

Desde Punt de Referència, impulsamos el proyecto Atenea desde el 2016, que además de ser un proyecto de acompañamiento educativo basado en la mentoría social, también mejora competencias transversales tan importantes como la comunicación, la perseverancia, la conciencia emocional, la autonomía y la iniciativa.

Durante el 2022, estas fueron las estadísticas del proyecto Atenea; los números hablan por sí mismos: el 85% de la juventud tutelada y extutelada que ha recibido acompañamiento y refuerzo educativo por parte de una persona voluntaria se plantea continuar estudiando; el 95% afirma que, gracias a la mentoría, ha mantenido la motivación por los estudios; el 100% afirma que ha aprendido a obtener mejores calificaciones en los trabajos y exámenes.

Durante el 2020, el Área de Apoyo a los Jóvenes Tutelados y Extutelados atendió a más de 4.000 jóvenes. Como sociedad, tenemos el deber de garantizar que estos 4.000 jóvenes puedan acceder a una educación postobligatoria, ya que la educación es un deber, pero sobre todo un derecho. La juventud tutelada y extutelada debe tener claro que tiene oportunidades y capacidades para lograr lo que se propongan, pero también necesitan saber que hay alguien a su lado para acompañarlos.

Rompamos los miedos de la mentoría social

Berta Roig, responsable de comunicación de Punt de Referència

El miedo. A menudo la protagonista de todas aquellas cosas que no han llegado a ocurrir nunca. Y las dudas, los acompañantes del miedo que nos frenan de arrojarnos a la pista de lo que, en el fondo, nos haría ilusión bailar. Hoy me gustaría desafiar los miedos y resolver las dudas que alguna vez te han echado atrás a la hora de hacer un voluntariado en Punt de Referència y animarte a dar el paso de acompañar a jóvenes tutelados y extutelados en su camino hacia la emancipación. Lo haré compartiendo contigo las resistencias de varias personas que se han interesado por hacer mentoría, espero dar a la diana de lo que te frena!

 

¿Lo haré bien? ¿Sabré acompañar a una persona joven que tiene una realidad diferente a la mía? Si tienes ganas de comprometerte a acompañar durante un curso a una persona joven y estás abierta a conocer nuevas realidades y dejarte transformar, seguramente lo harás muy bien. De todas formas, nos conoceremos antes de iniciar el voluntariado (en una sesión informativa, en una entrevista personal y finalmente en la formación) y en estos espacios verás cuáles de tus competencias podrás poner en valor para acompañar a los jóvenes de la mejor manera.

 

 ¿Qué se espera de mí? ¿Estaré a la altura de dar lo que necesita la persona joven? La juventud necesita una red de apoyo, personas del territorio con las que confiar y que supongan un apoyo estable. El acompañamiento que te proponemos es de diez meses, en este tiempo habrá días que la persona mentada necesitará que le apoyes en alguna tarea concreta, pero otros simplemente necesitará ser escuchada, compartir momentos lúdicos contigo, tener alguien con quien celebrar buenas noticias…

 

¿Qué modelo de acompañamiento busca en Punt de Referència? Promovemos que puedas acompañar a la juventud apoyándole, sin caer en actitudes paternalistas y sin pretensiones de imponerte en la forma de pensar o de actuar. La situación laboral y de vivienda de la juventud es vulnerable y cambiante, y estos cambios pueden afectar a su manera de relacionarse mientras está en el proyecto. Por eso, necesitamos personas permeables, de mirada abierta y que tengan ganas de dejarse llevar por esta experiencia. Be water, my friend.

 

Si aparecen nuevas dudas o miedos durante el viaje, ¿tendré apoyo? Sí. Es muy importante que durante tu participación te sientas a gusto con tu voluntariado. Las profesionales (que también acompañamos a tu joven) revisaremos periódicamente contigo cómo funciona su relación y los objetivos que se ha marcado. En Punt también tendrás espacios con el resto de mentoras del grupo donde podrás compartir cualquier tipo de reflexión.

 

Si todavía no sientes la seguridad por hacer mentoría, confía en nosotros: inscríbete a una sesión informativa, y el resto de dudas y miedos los afrontaremos conjuntamente cuando nos conozcamos. ¡La juventud te espera!

Si comienzas una relación, que sea sana

Berta Roig, responsable de comunicación de Punt de Referència

 

¿Cuántos tiempos te ha costado aprender que se necesitan años para conocer en profundidad a una persona? ¿Cuántas vivencias has tenido que compartir antes de confiar plenamente en alguien? ¿Y cómo has aprendido que, a veces, con buenas intenciones no es suficiente para cuidar los vínculos? Yo, a los 32 años empiezo a entender que los vínculos se generan, se intensifican o se moldean pero si no se cuidan, quedan por el recuerdo.

Las relaciones de mentoría (aquellas que se establecen entre una persona con rol de voluntaria y una persona que busca ser acompañada) no escapan de todas estas inclemencias. No es fácil empezar una relación y mucho menos que ésta sea positiva, sana y duradera. Por este motivo en Punt de Referència hacemos apoyo profesional durante meses a todas las parejas de mentoría que generamos en los proyectos de acompañamiento a los jóvenes tutelados y extutelados.

 

En Punt de Referència sabemos que la clave para una buena relación pasa por dedicar tiempo tanto a la persona mentora como a la mentorada. Este tiempo nos permite conocernos mediante entrevistas individuales donde sabemos qué espera todo el que participa de la relación que iniciarán, validar su participación y valorar los aspectos que les hacen más afines a ser emparejados con una persona u otra. En el caso de las personas que se presentan voluntarias para acompañar a los jóvenes, dedicamos una formación de diez horas en la que resolvemos sus dudas y expectativas como futuros mentores y mentoras pero también ubicamos los límites que desde la entidad les marcamos. Porque no todo vale en una relación de mentoría. Una vez iniciada la relación las profesionales continuamos presentes: la mentora nos hace un retorno de cada encuentro con el/la joven, pero también nos encontramos en tutorías a tres bandas (con la mentora y la persona joven a la vez) y finalmente dedicamos un encuentro mensual a todas las mentoras del grupo para que compartan con el resto sus vivencias. Por último, cuando finaliza la participación en el proyecto cuidamos las relaciones haciendo un cierre que a su vez es un inicio: la pareja que ya ha hecho crecer su vínculo volará sin el seguimiento intensivo profesional detrás.

 

«Saber que siempre puedes acudir a la profesional y que puedes preguntar si tienes cualquier duda, a mí me sirve de mucho, te sientes apoyada siempre.”  Carol, mentora del Mounir

“El espacio mensual con el resto de voluntarios para mí es básico. Es un espacio que nos ayuda a todas y todos a compartir alegrías y penas, que a veces están”. Toni, mentor d’en Houssain

Este cuidado del vínculo y la coordinación a tres bandas juventud – mentora – equipo profesional es clave para que las relaciones sean positivas y de calidad para todos y para conseguir que los referentes de los jóvenes signifiquen un apoyo real por su trayectoria y sus posibilidades de emancipación.

 

Así pues, si te planteas empezar una relación de mentoría, asegúrate de que sea sana dejándote acompañar por Punt de Referència.

 

El modelo de mentoría del proyecto Referentes: cómo ayuda a los jóvenes migrantes no acompañados?

Xavi Alarcón, investigador

 

El pasado mes de marzo me doctoré en la Universitat de Girona, bajo la supervisión del doctor Oscar Prieto-Flores. Mi tesis se ha centrado en evaluar los efectos positivos que tiene la mentoría social en jóvenes de origen extranjero, mayoritariamente en menores no acompañados que estuvieron bajo la tutela de la DGAIA (Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia), quienes, al alcanzar los 18 años, accedieron a los pisos asistidos del Área de Apoyo a los Jóvenes Tutelados y Extutelados.

Los jóvenes inmigrantes no acompañados que participaron formaban parte del proyecto Referents de la Asociación Punt de Referència. En primer lugar, el estudio se centró en identificar los aspectos sobre los que tenía efecto el proyecto de mentoría. En segundo lugar, determinar cuáles son las tipologías de apoyo social que los mentores proporcionan a los jóvenes. Y, en tercer lugar, se identificó cómo este apoyo puede suponer un complemento significativo en la red de apoyo a los jóvenes. Todos estos elementos tienen una implicación directa en su transición hacia la edad adulta y en su inclusión social como colectivo migrante.

 

Aumento del bienestar psicológico: autoestima, resiliencia y esperanza

Realizando cuestionarios con más de cuarenta jóvenes (una parte participaban en el proyecto de mentoría, la otra parte no), pudimos destacar que los mentorados mejoran de forma significativa la autoestima, la resiliencia y la esperanza. Las entrevistas que realizamos con diez jóvenes inmigrantes y sus mentores nos sirvieron para poder comprender por qué se dan estas mejoras, en comparación con los jóvenes que no participaban en la mentoría. Los mentores suponen una fuente de apoyo emocional y de consejos. Las muestras de escucha activa y la capacidad que tienen para empatizar con las situaciones de los mentorados son la clave para fomentar una visión positiva de los jóvenes hacia sí mismos. El acceso fácil que promueven los mentores también facilita que los mentorados se sientan abiertos a recibir consejos. Las muestras de preocupación a través de consejos y los mensajes de esperanza ayudan a que los/las jóvenes se sientan más pacientes con todos los obstáculos con los que se encuentran, fomentando una visión más favorable sobre su futuro. Todo esto, lo explican los mentorados con sus propias palabras:

“Si tengo problemas, en cualquier momento puedo llamarla (a la mentora) y explicarle mi problema y si ella puede, me ayuda. […] Me sirve, porque por el tema de mis papeles, le expliqué y me dio consejos, me dice que siga estudiando, que ojalá un día tenga la residencia…”              Mentorat/da

“Tú puedes tener un problema y esta persona te puede ayudar a arreglar los problemas que tienes y como yo no soy de aquí, las personas que son de aquí saben mucho más […] y me pueden hablar de cosas que en el futuro me pueden ayudar.”          Mentorat/da

 

Mejora de los futuros educativos: aspiraciones y expectativas educativas

Además, los mentores suponen una mejora de las posibilidades que sus mentorados conozcan recursos de su entorno. Esto, tiene efectos para que los jóvenes tengan más oportunidades de encontrar servicios o personas que los ayuden a continuar con su desarrollo, y en la transición hacia la edad adulta. Estas nuevas oportunidades y la orientación de los mentores contribuyen a que los jóvenes puedan planificar sus trayectorias con más tranquilidad, teniendo a alguien que les sirva de guía para lograr aquello que desean para su futuro. Una de las mentoras y uno de los jóvenes nos muestran un ejemplo:

“Fuimos un día a un centro de esos que son como un centro para jóvenes, […] pasamos por delante y quisimos ver qué tenían para jóvenes; nos atendió una chica que enseguida… ‘mira, pues aquí tienes gente que te puede ayudar a hacer un currículum, hacemos conciertos, actividades, fútbol y muchas cosas para jóvenes’. Y sí, lo llevé a un lugar dónde realmente le podían ofrecer la posibilidad de ampliar su entorno.”          Mentor/a

“Me gusta tener relación con mucha gente. Porque una memoria es una memoria, pero tú memoria y mi memoria, si trabajamos juntos, serán dos ideas que se trabajan. […] Antes las cosas siempre estaban en mi cabeza, no hablaba con nadie… Bueno, desde que llegué a aquí, con muchos proyectos, colaborando con ellos, empecé a olvidar mis cosas, empecé a relajarme con mis cosas…. Gracias a todos los del proyecto que me ayudan.”     Mentorat/da

 

Hemos recogido los resultados más destacados del estudio y también de la memoria anual del proyecto Referentes, en esta infografía:

 

Formación y seguimiento de los voluntarios: Well-targeted and problem specific mentoring approach

Tal como deja vislumbrar este último testimonio de un joven, Punt de Referència no los conecta únicamente con una persona adulta voluntaria, que por sí misma es capaz de dar apoyo. La entidad busca proporcionar a los voluntarios las herramientas necesarias para llevar a cabo este acompañamiento educativo. Tienen la capacidad de hacerlo porque conocen el colectivo de primera mano, llevan muchos años dándoles apoyo a través de los diferentes proyectos que desarrollan, y conceden mucha importancia a formar y monitorizar los mentores. La literatura académica en mentoría denomina este tipo de enfoque como “well-targeted and problem specific” (bien dirigido y centrado en problemas específicos). Otros estudios han demostrado que estos proyectos de mentoría suelen tener mayores efectos en términos académicos, psicológicos y sociales. Resumir toda esta estructura de formación y seguimiento resulta difícil, pero se puede sintetizar el efecto positivo que tiene en la tarea de los mentores con sus propias palabras:

“Nos pusieron en contexto, en lo relativo al marco legal actual de todos los jóvenes que llegan, si han solicitado asilo político o tema de menores no acompañados. […] Después, yo, a Cristina (técnica del proyecto) siempre la he tenido muy presente. Quiero decir, que le iba explicando cualquier cosa y ella me daba feed-back.”    Mentor/a

“En el curso, al principio, nos dijeron todo lo que les podía pasar. […] Te ponen en situaciones difíciles y creo que está muy bien, porque es una manera de hacer entender que no todo es bonito. Puede ser que el chico te venga un día y te plantee algo y tú no sepas que contestarle…”        Mentor/a

 

La mentoría como complemento en una red de apoyo existente

También es importante destacar que, además de los mentores, estos jóvenes tienen más referentes adultos. La Federación Española de Proyectos y Pisos Asistidos (FEPA) y las entidades que la integran, son un gran apoyo en la emancipación de este colectivo joven. Por una parte, como ya se ha dicho, están las entidades y los educadores que los apoyan en los pisos asistidos. Por otra, los familiares en el país de origen, quienes siguen en contacto con los jóvenes a través de las redes sociales y la mensajería instantánea.

Los educadores suelen enfocarse en muchos ámbitos de la vida de los chicos y chicas; ello implica ayudarles a desarrollar sus habilidades para la emancipación, acompañarlos en la búsqueda de cursos formativos, proporcionarles apoyo en su gestión documental y administrativa, etc. Los familiares, en cambio, son una fuente valiosa de apoyo emocional, aunque, a veces, los jóvenes no quieren compartir sus malestares con ellos con el fin de no preocuparlos. Por tanto, muchos de ellos necesitan otros referentes adultos que los ayuden a afrontar las dificultades del día a día, teniendo un espacio de reflexión en el que poder hablar de problemas personales, preocupaciones y retos para el futuro. Es precisamente en este espacio donde un mentor puede ayudar, estableciéndose como un claro complemento en el apoyo que puedan recibir de las instituciones y de la familia en la distancia.

Ayúdanos a acompañar las vidas de los jóvenes sin red de apoyo.
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